Reconocimiento y Producción textual del realismo
1.
ACTIVIDAD DE INICIO-MOTIVACIÓN: Lee,
observa y contesta
1.1 ¿Qué descripciones de lugares, personas o situaciones puedes
encontrar en este fragmento?
personas: el papa
lugares: la casa del papa, el seminario,el campo,las huertas
situaciones: que el salio de a tan niño y volvio todo un hombre, que todo a cambiado es diferente mas chico que estima mas el campo y los detalles de las flores
1.
ACTIVIDAD DE APLICACIÓN – TALLER
3.1
Escribe tu opinión con respecto a las características que se observan del
Realismo en el siguiente fragmento Misericordia de Benito Pérez Galdós (2 párrafos de qué trata lo que
leyeron, cómo les pareció y qué opinan, qué características del realismo se
hallan)
el realismo es un movimiento literario que aparece en la segundad mitad del siglo xix como consecuencias de las sircustancias de aquella epoca
“Tenía la Benina voz dulce, modos hasta cierto punto fino y de buena educación, y su rostro moreno no carecía de cierta gracia interesante que, manoseada ya por la vejez, era una gracia borrosa y apenas perceptible. Más de la mitad de la dentadura conservaba. Sus ojos, grandes y oscuros, apenas tenían el ribete rojo que imponen la edad y los fríos matinales. Su nariz destilaba menos que las de sus compañeras de oficio, y sus dedos, rugosos y de abultadas coyunturas, no terminaban en uñas de cernícalo. Eran sus manos como de lavandera y aún conservaban hábitos de aseo. Usaba una venda negra bien ceñida sobre la frente; sobre ella, pañuelo negro, y negros el manto y vestido, algo mejor apañaditos que los de las otras ancianas. Con este pergeño y la expresión sentimental y dulce de su rostro, todavía bien compuesta de líneas, parecía una Santa Rita de Casia que andaba por el mundo en penitencia
Misericordia
es uan novela del escritorespañol benito perez galdos
Aca nos deja lo difícil que era la vida en
esta época y en aquella mujer cada una de sus facciones sus manos y cada una de
los rastros de su piel deja ver que la vida de esta mujer no a sido fácil la
vida a sido difícil para ella a dejado rastro en su piel marcándola aun asi era
una mujer bella llena de vida el narrador nos trasmite a mundo novelesco
atravez de sus personajes presentones esos diferentes ambientes y situciones de
uan dura realidad al comprara benina con las demás vemos como ella resalta por
sobre todas ellas por su lucha contra la vida por todo lo que ha tenido que
pasar y aun asi ella logra sobresalir por sus bellas cualidades a pesar de toda
la probreza entre todo en la obra nos deja ver que ella una mujer defensora y
una buena persona resaltandonos que ella es una mujer humilde de lo sencilla
que es
Mi opinión sobre esto que es una obra muy bonita según la parte que lei nos muestra lo cruel que la vida puede ser y que nos deja marcados para simpre pero de eso aprendemos hacer mas fuertes a luchar las ganas de vivir y salir adelante tiene que ser mas grandes y que a pesar de lo dura que pueda ser la vida aun asi podemos ser buenas personas eso nos va hacer sobresalir de los demás logrando ser mas honestos la hulmidad y los buenos valores deben ser una actitud muy importante en nosotros y que como en ese pedacito de la obra nos deja muy claro que a pesar de lo difícil que sea la vida y los golpes que nos de debemos levantarnos y dar la toda que pensar que algún dia vamos a ser remcompesdos si hemos hecho buenas cosas y hemos sido buenas personas la realidad es cruel y difícil La tendencia a idealizar está bien equilibrada con la de reflejar la realidad visible; gracias a este equilibrio, la imagen de Benina queda establecida como santa en el medio plenamente realista de que forma parte. Visión y vista cooperan, como conviene para que en este universo ficticio quepa el milagro y, si se prefiere, un hecho inexplicable: la aparición de un personaje ni conocido ni inventado por el autor
3.2 Construye un cuadro comparativo entre el Romanticismo y el Realismo utilizando las palabras que a continuación te presentamos:
|
EL ROMANTICISMO |
EL REALISMO |
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Individualismo y libertad pretendía presentar una nueva actitud basada
en el individualismo y la libertad |
Patriotismo Se realiza un
patriotismo pretendiendo reflejar la realidad con impuridal |
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Naturaleza Nos muestra la naturaleza como paisajes hermosos,
exóticos, innovadores y diferentes de las culturas amerianas y occidentales |
La vida cotidiania Aca nos muestra que se presenta y se
representa a la vida cotidiana |
|
El cuento Narración sencilla y
breve, lineal sin subtramas. La tendencia a la emoción sobre la razón, el
instinto sobre la lógica. Manifiestan de ilusiones y deseos; al mismo tiempo
que manifiestan miedo y desesperación |
El entorno Se
caracteriza por describir el entorno y su realidad |
|
|
La novela como objetivo representar de forma minuciosa y objetiva una realidad
contemporánea muy concreta: la vida cotidiana y los problemas de la sociedad
burguesa de la segunda mitad de siglo XIX |
3.3 Produce un cuento (inicio, nudo y desenlace) con temáticas realistas del momento contemporáneo paras ser publicado en el blog con extensión de 1 página. Si deseas, puedes agregar una imagen alusiva.
La hermana malvada
Nadie había querido jamás a Paty como su hermana Azul. La adoraba despierta con todos los sentidos e incluso tenía sueños rutinarios en los que se paseaba junto a su hermana gemela en un mundo donde no había más individuos que ellas dos: y eran felices, y se querían intensamente.
Pero a la luz del día las cosas eran diferentes. Azul tenía un carácter muy posesivo y cada vez que su hermana Paty intentaba hacer algo con lo que ella no estuviera de acuerdo, tenía que someterla a sus torturas; sentía que así debía ser para que su hermana comprendiera lo mucho que ella la amaba.
El tiempo pasó y fue separando lentamente a las hermanas; aunque no en el corazón de Azul, que siguió amando a su hermana hasta el último minuto de su vida. De hecho, en el instante que sufrió aquel trágico accidente que le quitó la vida, su último pensamiento fue para Paty.
A Paty la entristeció muchísimo la muerte de su hermana; no obstante, estaba acostumbrada a seguir adelante, así que, como lo había hecho tantas veces, impidió que la tristeza la estancara y continuó viviendo. Y cuando consiguió recuperar la estabilidad en su vida; cuando dejó de llorar la pérdida y retomó sus actividades de siempre, algo pasó que la fundió en la más absoluta incertidumbre.
Una tarde mientras observaba a la gente que viajaba a su lado en el tren un recuerdo afloró intensamente de su interior. No fue el hecho de evocar un instante lo que llamó su atención -los medios de transporte eran un espacio ideal para viajar a otros momentos de su vida-, sino el darse cuenta de que ese recuerdo no le pertenecía. A partir de ese día comenzaron a asaltarla imágenes, momentos y emociones que jamás había experimentado. Y cuanto más recordaba más segura estaba de que esos instantes le pertenecían a Azul.
Desde entonces, su vida nunca volvió a ser la misma. Comenzó a vivir en el recuerdo de su hermana y pudo conocer en carne propia cuánto la había amado la pequeña Azul. Y también supo que ya era demasiado tarde para todo. La imposibilidad de sanar el pasado le pesó como no le había pesado la pérdida, y la acompañó para siempre
|
La pintura realista reemplaza
las imágenes idealistas del arte tradicional por acontecimientos de la vida
real, dándole prioridad a retratar la vida cotidiana. |
En la imagen podemos ver a dos hombres picando
piedra en la montaña esto nos muestra la dura realidad de la clase trabajadora
o la clase media Qué hace mucho se mostraba si hoy en día también podemos
presentarla de esta manera esta pintura nos muestra a dos hombres trabajando
fuerte te podemos comparar muy fácilmente con hoy en día la pandemia atrajo a
muchos hogares Y a muchas personas beneficios como a mucha más gente le trajo
problemas económicos demasiados que los dejó muy mal para mí esta imagen puede
representar hoy en día lo que vive mucha gente trabajando duro para poder
subsistir en la vida y llevar algo a su casa dejándonos ver la dura situación
que vivimos en este momento dejando de ser personas para convertirnos en
máquinas trabajadoras día con día
3.4 Graba un discurso estructurado y
argumentado con buen uso del lenguaje para el blog (de tres minutos) con
imágenes tomadas de internet sobre:
·
la importancia del respeto a la libre
expresión,
·
la inclusión
·
y la convivencia como factor para la paz.
https://youtu.be/KaU_nHGQ8bghttps://youtu.be/KaU_nHGQ8bg
OTA
IMPORTANTE:
ü En la grabación debe aparecer el estudiante con
excelente presentación personal
ü Uso correcto del uniforme del INEM (diario o
educación física)
ü Buen vocabulario y sin errores de pronunciación
ü Aislarse de sonidos que interrumpan el audio del
video
ü Se recomienda manejo escenográfico (cara, manos,
postura corporal) conforme al tema desarrollado en el discurso (sin risas o
burlas que le quiten seriedad, credibilidad y rigurosidad al trabajo académico)
3.5 Finalmente, produce una colección de poemas, cuentos y caricaturas (mínimo 12) que recojan la vida, historia y literatura desde el realismo hasta el modernismo. Este producto lo subirá al blog, teniendo en cuenta en las producciones los recursos sintácticos, semánticos y estéticos vistos en el período.
Amor en el cielo
Sobre arena y sobre viento
lo ha fundado el cielo
Lo mismo el mundo de el lodo
que el mundo del sentimiento.
De amor y gloria el cimiento
sólo aire y arena
las del mundo sois arena,
y aire las del corazón!
Como una loca pasión
No importa si hace frío
nuestro calor es el aporte a este imprevisto
Junto a la velada el fruto que nos hace volar al cielo
si medidas que nos limiten este ahnelo
De las ganas de que recorren nuestro cuerpo
Más que amigos hermanos de la vida
En el tabaco, en el café, en ,
al borde de la noche se levantan
como esas voces que a lo lejos cantan
sin que se sepa qué, por el camino avanzan
Livianamente hermanos del destino,
sombras pálidas, me espantan
la vida entre los hábitos, me aguantan
Me apoyan para salir a flote entre el laberinto
para dibujarte una sonrisa es aquel
que aún al dolor a distancia
siente dolor en tu corazón
y te abraza con el alma
son hermanos que no lleva tu misma sangre
pero sin embargo te entiende
es un paraguas para cuando te llueve la vida
Hacia la muerte final
¡Ay de vosotros los tristes
Que en tan proceloso mar
Luchando contra ferocidad
Sin esperanza an de inspirar
al final los llevará
Solo será vuestra vida ahora
La cruda muerte como en Pandora habrá
La vida es como una moneda radiante
y cada onza de su esplandor
la quiero gastar junto al mirador
que tus ojos me ofrecen tu mi primor
corre su vuelta hacia su fin cerca
De un último aliento de la terca
Ferocidad que arrasa mi cabeza
Y vos los que en sueños vagos
De eterna felicidad divago
Careciendo de vuelo en indagó
Sobre los aires pasar por alagos
¿Qué galardón, miserables,
Por fé tan ciega que no es viable
Si está entre Dios y los hombres
La eternidad nos asombre?
No quiero quedarme en la oscuridad
Voy a volver sobre mis pasos
Para quedarme en la infinita eternidad
Para poder vivir bajo la tranquilidad
A una vida tan fácil de perder como lo fue de ganar
A pesar de la lucha impuesta para sobrevivir
En tan ciega confusión,
Caminais, hermanos mios, entre rebelión
Treguas prestando al dolor entre tanta destrucción
Si vais como yo marchando
Lleno de fe el corazón,
Creyendo tras el sepulcro
Pasar a vida mejor con valor
entre el amor y la ilusión
tantas veces la vida lastima
con El engaño y la traición
Cómo se engaña al destino
que se cree imponente
destruyendo el único punte
En el que apoyo mi mente
La vida ante la gente
Doblado como yo la frente,
Tened el paso veloz, ante la gente
Que por sentencia del mismo puente
Para nosotros no hay mente vigente
Mas no, seguid vuestra senda
Al mágico resplandor, prenda
Con que la dulce esperanza
Vuestra niñez alumbró ante la enseñanza
De vuestras huellas en la soledad
Por su destello alentado
Pudiera seguirlos en camino a la sociedad
La bella españa descubriendo tierra nueva
¡Esta es España! Atónita y herida
bajo el peso brutal de su infortunio, en la vida
inerte yace la matrona augusta perdida
que en otros siglos fatigó a la fama construía
La que surcó los mares procelosos
buscándote atrevida en el misterio,
hasta que un día, deslumhrando al mundo,
surgiste, como de las ondas entre la tierra un nuevo descubrimiento
Fuerza
Contémplala vencida y humillada
por la doblez y el oro, y si te mueven
a generosa lástima sus males,
el trágico desplome de una gloria
que es también tuya, acórrela en su duelo.
Entre miles de cenizas bajo la tempestad
Volando así la vida renacida en felicidad
Dejando atrás la falsedad
por que siempre hay una luz a final de tunel seguro
que nos reconforta y restauro
todo el daño en que al corozon torturo
En el arroyo
Cuando a poco, de tropel,
corrió el pueblo hacia el rapaz,
ya, de un salto, alzabase el,
ensangrentada la piel,
pero radiante la faz.
Leiase en sus miradas
el celestial apetito
de esas venturas soñadas
allá en las noches heladas
de desamparo infinito.
Un Sendero luminoso lleno de ruido
Corría un viento bastante frío
Lleno de palabras imprevistas
Como de Entre el cielo salía un brillo muy radiante
Que su luz en los ojos de yacía ardiente
Así los ojos se cruzaron en ellos se veía
La prohibida pasión qué es surgía
El hogar
Parecia despertar
a un destino superior, al captar
y con ansia adivinar
el abrigo del hogar,para cercar
las caricias del amor.
las luminosas escalas fluiria
entre sus sueños veía,
y, esperanzado llegar calor de su hogar
por vez postrera, las alas para vagar
se halló en pie, con paso lento
junto a su hogar así estaba por fin en casa
y descubrióse un momento sentimientos encontrados que arrazan
Un momento feliz y a la vez confuso.
Tendiendole ella una mano
del fino guante ceñida,
corrió a estrecharsela ufano,
y fue a darle un sobrehumano,
un primer beso en su vida.
Pero al asirla, sintió,
con el roce de la seda,
algo frio, el beso ahogó,
y en las suyas oprimió
la viI paga: una moneda.
Aun vió a la dama, anhelante,
volver, temblando, la adusta,
pálida faz un instante;
oyó en seguida, vibrante,
el restallar de la fusta;
perdiendo de vista el coche,
alzó los puños al cielo,
tiró el oro contra el suelo …
y tuvo hambre aquella noche.
El Caballero Carmelo, un cuento criollo modernista y algo postmodernista
I
Un día, después del desayuno, cuando el sol empezaba a calentar, vimos aparecer, desde la reja, en el fondo de la plazoleta, un jinete en bellísimo caballo de paso, pañuelo al cuello que agitaba el viento, sampedrano pellón de sedosa cabellera negra, y henchida alforja, que picaba espuelas en dirección a la casa.
Reconocímosle. Era el hermano mayor, que años corridos, volvía. Salimos atropelladamente gritando:
–¡Roberto, Roberto!
Entró el viajero al empedrado patio donde el ñorbo y la campanilla enredábanse en las columnas como venas en un brazo, y descendió en los de todos nosotros. ¡Cómo se regocijaba mi madre! Tocábalo, acariciaba su tostada piel, encontrábalo viejo, triste, delgado. Con su ropa empolvada aún, Roberto recorría las habitaciones rodeados de nosotros; fue a su cuarto, pasó al comedor, vio los objetos que se habían comprado durante su ausencia, y llegó al jardín.
–¿Y la higuerilla? –dijo.
Buscaba entristecido aquel árbol cuya semilla sembrara él mismo antes de partir. Reímos todos:
–¡Bajo la higuerilla estás!…El árbol había crecido y se mecía armoniosamente con la brisa marina. Tocólo mi hermano, limpió cariñosamente las hojas que le rebozaban la cara, y luego volvimos al comedor. Sobre la mesa estaba la alforja rebosante; sacaba él, uno a uno, los objetos que traía y los iba entregando a cada uno de nosotros. ¡Qué cosas tan ricas! ¡Por dónde había viajado! Quesos frescos y blancos envueltos por la cintura con paja de cebada, de la Quebrada de Humay; chancacas hechas con cocos, nueces, maní y almendras; frijoles colados, en sus redondas calabacitas, pintadas encima con un rectángulo de su propio dulce, que indicaba la tapa, de Chincha Baja; bizcochuelos, en sus cajas de papel, de yema de huevo y harina de papas, leves, esponjosos, amarillos y dulces; santitos de piedra de Guamanga tallados en la feria serrana; cajas de manjar blanco, tejas rellenas y una traba de gallo con los colores blanco y rojo. Todos recibíamos el obsequio, y él iba diciendo, al entregárnoslo:
–Para mamá… para Rosa… para Jesús… para Héctor…
–¿Y para papá? –le interrogamos cuando terminó.
–Nada…
–¿Cómo? ¿Nada para papá?
Sonrió el amado, llamó al sirviente y le dijo:
–¡El Carmelo!
A poco volvió éste con una jaula y sacó de ella un gallo, que, ya libre, estiró sus cansados miembros, agitó las alas y cantó estentóreamente:
–¡Cocorocóooo!…
–¡Para papá! –dijo mi hermano.
Así entró en nuestra casa el amigo íntimo de nuestra infancia ya pasada, a quien acaeciera historia digna de relato; cuya memoria perdura aún en nuestro hogar como una sombra alada y triste: el Caballero Carmelo.
II
Amanecía, en Pisco, alegremente. A la agonía de las sombras nocturnas, en el frescor del alba, en el radiante despertar del día, sentíamos los pasos de mi madre en el comedor, preparando el café para papá. Marchábase éste a la oficina. Despertaba ella a la criada, chirriaba la puerta de la calle con sus mohosos goznes; oíase el canto del gallo que era contestado a intervalo por todos los de la vecindad; sentíase el ruido del mar, el frescor de la mañana, la alegría sana de la vida. Después mi madre venía a nosotros, nos hacía rezar, arrodillados en la cama, con nuestras blancas camisas de dormir; vestíanos luego, y, al concluir nuestro tocado, se anunciaba a lo lejos la voz del panadero. Llegaba éste a la puerta y saludaba. Era un viejo dulce y bueno, y hacía muchos años, al decir de mi madre, que llegaba todos los días, a la misma hora, con el pan calientito y apetitoso, montado en su burro, detrás de dos capachos de cuero, repletos de toda clase de pan: hogazas, pan francés, pan de mantecado, rosquillas…
Mi madre escogía el que habíamos de tomar y mi hermana Jesús lo recibía en el cesto. Marchábase el viejo, y nosotros, dejando la provisión sobre la mesa del comedor, cubierta de hule brillante, íbamos a dar de comer a los animales. Cogíamos las mazorcas de apretados dientes, las desgranábamos en un cesto y entrábamos al corral donde los animales nos rodeaban. Volaban las palomas, picoteábanse las gallinas por el grano, y entre ellas, escabullíanse los conejos. Después de su frugal comida, hacían grupo alrededor nuestro. Venía hasta nosotros la cabra, refregando su cabeza en nuestras piernas; piaban los pollitos; tímidamente ese acercaban los conejos blancos, con sus largas orejas, sus redondos ojos brillantes y su boca de niña presumida; los patitos, recién sacados, amarillos como yema de huevo, trepaban en un panto de agua; cantaba desde su rincón, entrabado, el “Carmelo”, y el pavo, siempre orgulloso, alharaquero y antipático, hacía por desdeñarnos, mientras los patos, balanceándose como dueñas gordas, hacían, por lo bajo, comentarios, sobre la actitud poco gentil del petulante.
Aquel día, mientras contemplábamos a los discretos animales, escapóse del corral “el Pelado”, un pollo sin plumas que parecía uno de aquellos jóvenes de diecisiete años, flacos y golosos. Pero “el Pelado”, a más de eso, era pendenciero y escandaloso, y aquel día, mientras la paz era en el corral, y los otros comían el modesto grano, él, en pos de mejores viandas, habíase encaramado en la mesa del comedor y rotos varias piezas de nuestra limitada vajilla.
En el almuerzo tratóse de suprimirlo, y cuando mi padre supo sus fechorías, dijo, pausadamente:
–Nos lo comeremos el domingo…
Defendiólo mi primer hermano, Anfiloquio, su poseedor, suplicante y lloroso. Dijo que era un gallo que haría crías espléndidas. Agregó que desde que había llegado el “Carmelo” todos miraban mal al “Pelado”, que antes era la esperanza del corral y el único que mantenía la aristocracia de la afición y de la sangre fina.
–¿Cómo no matan –decía en defensa del gallo– a los patos que no hacen más que ensuciar el agua, ni al cabrito que el otro día aplastó a un pollo, ni al puerco que todo lo enloda y sólo sabe comer y gritar, ni a las palomas, que traen mala suerte?…
Se adujeron razones. El cabrito era un bello animal, de suave piel, alegre, simpático, inquieto, cuyos cuernos apenas apuntaban; además, no estaba comprobado que había matado al pollo. El puerco mofletudo había sido criado en casa desde pequeño. Y las palomas con sus alas de abanico, eran la nota blanca, subíanse a la cornisa conversar en voz baja, hacían sus nidos con amoroso cuidado y se sacaban el maíz del buche para darlo a sus polluelos.
El pobre “Pelado” estaba condenado. Mis hermanos le pidieron que se le perdonase, pero las roturas eran valiosas y el infeliz sólo tenía un abogado, mi hermano y su señor, de poca influencia. Viendo ya pérdida su defensa y estando la audiencia al final, pues iban a partir la sandía, inclinó la cabeza. Dos gruesas lágrimas cayeron sobre el plato, como un sacrificio, y un sollozo se ahogó en su garganta. Callamos todos. Levantóse mi madre, acercóse al muchacho, lo besó en la frente y le dijo:
–No llores; no nos lo comeremos…
III
Quien sale de Pisco, de la plazuela sin nombre, salitrosa y tranquila, vecina a la Estación y torna por la calle del Castillo, que hacia el sur se alarga, encuentra, al terminar, una plazuela pequeña donde quemaban a Judas el Domingo de Pascua de Resurrección, desolado lugar en cuya arena verdeguean a trechos las malvas silvestres. Al lado del poniente, en vez de casas, extiende el mar su manto verde, cuya espuma teje complicados encajes al besar la húmeda orilla.
Termina en ella el puerto, y, siguiendo hacia el sur, se va, por estrecho y arenoso camino, teniendo a diestra el mar y a izquierda mano angostísima faja, ora fértil, ora infecunda, pero escarpada siempre, detrás de la cual, a oriente, extiéndese el desierto cuya entrada vigilan de trecho en trecho, como centinelas, una que otra palmera desmedrada, alguna higuera nervuda y enana y los toñuces siempre coposos y frágiles. Ondea en el terreno la “hierba del alacrán”, verde y jugosa al nacer, quebradiza en sus mejores días, y en la vejez, bermeja como sangre de buey. En el fondo del desierto, como si temieran su silenciosa aridez, las palmeras únense en pequeños grupos, tal como lo hacen los peregrinos al cruzarlo y, ante el peligro, los hombres.
Siguiendo el camino, divísase en la costa, en la borrosa y vibrante vaguedad marina, San Andrés de los Pescadores, la aldea de sencillas gentes, que eleva sus casuchas entre la rumorosa orilla y el estéril desierto. Allí, las palmeras se multiplican y las higueras dan sombra a los hogares, tan plácida y fresca, que parece que no fueran malditas del buen Dios, o que su maldición hubiera caducado; que bastante castigo recibió la que sostuvo en sus ramas al traidor, y todas sus flores dan frutos que al madurar revientan.
En tan peregrina aldea, de caprichoso plano, levántanse las casuchas de frágil caña y estera leve, junto a las palmeras que a la puerta vigilan; limpio y brillante, reposando en la arena blanda sus caderas amplias, duerme, a la puerta, el bote pescador, con sus velas plegadas, sus remos tendidos como tranquilos brazos que descansan, entre los cuales yacen con su muda y simbólica majestad, el timón grácil, la calabaza que “achica” el agua mar afuera y las sogas retorcidas como serpientes que duermen. Cubre, piadosamente, la pequeña nave, cual blanca mantilla, la pescadora red circundada de caireles de liviano corcho.
En las horas del mediodía, cuando el aire en la sombra invita al sueño, junto a la nave, teje la red el pescador abuelo; sus toscos dedos añudan el lino que ha de enredar al sorprendido pez; raspa la abuela el plateado lomo de los que la víspera trajo la nave; saltan al sol, como chispas, las escamas y el perro husmea en los despojos. Al lado, en el corral que cercan enormes huesos de ballenas, trepan los chiquillos desnudos sobre el asno pensativo, o se tuestan al sol en la orilla; mientras, bajo la ramada, el más fuerte pule un remo; la moza, fresca y ágil, saca agua del pozuelo y las gaviotas alborozadas recorren la mansión humilde dando gritos extraños.
Junto al bote duerme el hombre de mar, el fuerte mancebo, embriagado por la brisa caliente y por la tibia emanación de la arena, su dulce sueño de justo, con el pantalón corto, las musculosas pantorrillas cruzadas, y en cuyos duros pies de redondos dedos, piérdense, como escamas, las diminutas uñas. La cara tostada por el aire y el sol, la boca entreabierta que deja pasar la respiración tranquila, y el fuerte pecho desnudo que se levanta rítmicamente, con el ritmo de la Vida, el más armonioso que Dios ha puesto sobre el mundo.
Por las calles no transitan al medio día las personas y nada turba la paz de aquella aldea, cuyos habitantes no son más numerosos que los dátiles de sus veinte palmeras. Iglesia ni cura habían, en mi tiempo. Las gentes de San Andrés, los domingos, al clarear el alba, iban al puerto, con los jumentos cargados de corvinas frescas y luego en la capilla, cumplían con Dios. Buenas gentes, de dulces rostros, tranquilo mirar, morigeradas y sencillas, indios de la más pura cepa, descendientes remotos y ciertos de los hijos del Sol, cruzaban a pie todos los caminos, como en la Edad Feliz del Inca, atravesaban en caravana inmensa la costa para llegar al templo y oráculo del buen Pachacámac, con la ofrenda en la alforja, la pregunta en la memoria y la fe en el sencillo espíritu.
Jamás riña alguna manchó sus claros anales; morales y austeros, labios de marido besaron siempre labios de esposa; y el amor, fuente inagotable de odios y maldecires, era, entre ellos, tan normal y apacible como el agua de sus pozos. De fuertes padres, nacían, sin comadronas, rozagantes mucha-chos, en cuyos miembros la piel hacía gruesas arrugas; aires marinos henchían sus pulmones, y crecían sobre la arena caldeada, bajo el sol ubérrimo, hasta que aprendían a lanzarse al mar y a manejar los botes de piquete que, zozobrando en las olas, les enseñaban a domeñar la marina furia.
Maltones, musculosos, inocentes y buenos, pasaban su juventud hasta que el cura de Pisco unía a las parejas que formaban un nuevo nido, compraban un asno y se lanzaban a la felicidad, mientras las tortugas centenarias del hogar paterno, veían desenvolverse, impasibles, las horas; filosóficas, cansadas y pesimistas, mirando con llorosos ojos desde la playa, el mar, al cual no intentaban volver nunca; y al crepúsculo de cada día, lloraban, lloraban, pero hundido el sol, metían la cabeza bajo la concha poliédrica y dejaban pasar la vida llenas de experiencia, sin fe, lamentándose siempre del perenne mal, pero inactivas, inmóviles, infecundas, y solas…
IV
Esbelto, magro, musculoso y austero, su afilada cabeza roja era la de un hidalgo altísimo, caballeroso, justiciero y prudente. Agallas bermejas, delgada cresta de encendido color, ojos vivos y redondos, mirada fiera y perdonadora, acerado pico agudo. La cola hacía un arco de plumas tornasoles, su cuerpo de color carmelo avanzaba en el pecho audaz y duro. Las piernas fuertes que estacas musulmanas defendían, cubiertas de escamas, parecían las de un armado caballero medieval.
Una tarde, mi padre, después del almuerzo, nos dio la noticia. Había aceptado una apuesta para la jugada de gallos de San Andrés, el 28 de Julio. No había podido evitarlo. Le habían dicho que el “Carmelo”, cuyo prestigio era mayor que el del alcalde, no era un gallo de raza. Molestóse mi padre. Cambiáronse frases y apuestas; y aceptó. Dentro de un mes toparía al Carmelo, con el Ajiseco, de otro aficionado, famoso gallo vencedor, como el nuestro, en muchas lides singulares. Nosotros recibimos la noticia con profundo dolor. El “Carmelo” iría a un combate y a luchar a muerte, cuerpo a cuerpo, con un gallo más fuerte y más joven. Hacía ya tres años que estaba en casa, había él envejecido mientras crecíamos nosotros, ¿por qué aquella crueldad de hacerlo pelear?…
Llegó el día terrible. Todos en casa estábamos tristes. Un hombre había venido seis días seguidos a preparar al “Carmelo”. A nosotros ya no nos permitían ni verlo. El día 28 de julio, por la tarde, vino el preparador, y de una caja llena de algodones, sacó una media luna de acero con unas pequeñas correas: era la navaja, la espada del soldado. El hombre la limpiaba, probándola en la uña, delante de mi padre. A los pocos minutos, en silencio, con una calma trágica, sacaron al gallo, que el hombre cargó en sus brazos como a un niño. Un criado llevaba la cuchilla y mis dos hermanos lo acompañaron.
–¡Qué crueldad! –dijo mi madre.
Lloraban mis hermanas, y la más pequeña, Jesús, me dijo en secreto, antes de salir:
–Oye, anda junto con él… Cuídalo… ¡pobrecito!…
Llevóse la mano a los ojos, echóse a llorar, y yo salí precipitadamente y hube de correr unas cuadras para poder alcanzarlos.
V
Llegamos a San Andrés. El pueblo estaba de fiesta. Banderas peruanas agitaban sobre las casas por el día de la Patria, que allí sabían celebrar con una gran jugada de gallos a la que solían ir todos los hacendados y ricos hombres del valle. En ventorrillos, a cuya entrada había arcos de sauces envueltos en colgaduras, y de los cuales prendían alegres quitasueños de cristal, vendían chicha de bonito, butifarras, pescado fresco asado en brasas y anegado en cebollones y vinagre. El pueblo los invadía, parlanchín y endomingado con sus mejores trajes. Los hombres de mar lucían camisetas nuevas de horizontales franjas rojas y blancas, sombrero de junco, alpargatas y pañuelos añudados al cuello.
Nos encaminamos a “la cancha”. Una frondosa higuera daba acceso al circo, bajo sus ramas enarcadas. Mi padre, rodeado de algunos amigos, se instaló. Al frente estaba el juez y a la derecha el dueño del paladín Ajiseco. Sonó una campanilla, acomodáronse las gentes y empezó la fiesta. Salieron por lugares opuestos dos hombres, llevando cada uno un gallo. Lanzáronlos al ruedo con singular ademán. Brillaron las cuchillas, miráronse los adversarios, dos gallos de débil contextura, y uno de ellos cantó. Colérico respondió el otro echándose al medio del circo; miráronse fijamente; alargaron los cuellos, erizadas las plumas, y se acometieron. Hubo ruido de alas, plumas que volaron, gritos de la muchedumbre, y a los pocos segundos de jadeante lucha cayó uno de ellos. Su cabecita afilada y roja besó el suelo, y la voz del juez:
–¡Ha enterrado el pico, señores!
Batió las alas el vencedor. Aplaudió la multitud enardecida, y ambos gallos, sangrando, fueron sacados del ruedo. La primera jornada había terminado. Ahora entraba el nuestro: el “Caballero Carmelo”. Un rumor de expectación vibró en el circo:
–¡El Ajiseco y el Carmelo!
–¡Cien soles de apuesta!…
Sonó la campanilla del juez y yo empecé a temblar.
En medio de la expectación general, salieron los dos hombres, cada uno con su gallo. Se hizo un profundo silencio y soltaron a los dos rivales. Nuestro Carmelo, al lado del otro, era un gallo viejo y achacoso; todos apostaban al enemigo, como augurio de que nuestro gallo iba a morir. No faltó aficionado que anunció el triunfo del Carmelo, pero la mayoría de las apuestas favorecía al adversario. Una vez frente al enemigo, el Carmelo empezó a picotear, agitó las alas y cantó estentóreamente. El otro, que en verdad parecía ser un gallo fino de distinguida sangre y alcurnia, hacía cosas tan petulantes cuan humanas: miraba con desprecio a nuestro gallo y se paseaba como dueño de la cancha. Enardeciéronse los ánimos de los adversarios, llegaron al centro y alargaron sus erizados cuellos, tocándose los picos sin perder terreno. El Ajiseco dio la primera embestida; entablóse la lucha; las gentes presenciaban en silencio la singular batalla y yo rogaba a la Virgen que sacara con bien a nuestro viejo paladín.
Batíase él con todo los aires de un experto luchador, acostumbrando a las artes azarosas de la guerra. Cuidaba poner las patas armadas en el enemigo pecho; jamás picaba a su adversario –que tal cosa es cobardía–, mientras que éste, bravucón y necio, todo quería hacerlo a aletazos y golpes de fuerza. Jadeantes, se detuvieron un segundo. Un hilo de sangre corría por la pierna del Carmelo. Estaba herido, mas parecía no darse cuenta de su dolor. Cruzáronse nuevas apuestas en favor del Ajiseco, y las gentes felicitaban ya al poseedor del menguado. En un nuevo encuentro, el Carmelo cantó, acordóse de sus tiempos y acometió con tal furia, que desbarató al otro de un solo impulso. Levantóse éste y la lucha fue cruel e indecisa. Por fin, una herida grave hizo caer al Carmelo, jadeante…
–¡Bravo! ¡Bravo el Ajiseco! –gritaron sus partidarios, creyendo ganada la prueba.
Pero el juez, atento a todos los detalles de la lucha y con acuerdo de cánones, dijo:
–¡Todavía no ha enterrado el pico, señores!
En efecto, incorporóse el Carmelo. Su enemigo, como para humillarlo, se acercó a él, sin hacerle daño. Nació entonces, en medio del dolor de la caída, todo el coraje de los gallos de Caucato. Incorporado el Carmelo, como un soldado herido, acometió de frente y definitivo sobre su rival, con una estocada que lo dejó muerto en el sitio. Fue entonces cuando el Carmelo, que se desangraba, se dejó caer, después que el Ajiseco había enterrado el pico. La jugada estaba ganada y un clamoreo incesante se levantó en la cancha. Felicitaron a mi padre por el triunfo, y, como esa era la jugada más interesante, se retiraron del circo, mientras resonaba un grito entusiasta:
–¡Viva el Carmelo!
Yo y mis hermanos lo recibimos y lo condujimos a casa, atravesando por la orilla del mar el pesado camino, y soplando aguardiente bajo las alas del triunfador, que desfallecía.
VI
Dos días estuvo el gallo sometido a toda clase de cuidado. Mi hermana Jesús y yo, le dábamos maíz, se lo poníamos en el pico; pero el pobrecito no podía comerlo ni incorporarse. Una gran tristeza reinaba en la casa. Aquel segundo día, después del colegio, cuando fuimos yo y mi hermana a verlo, lo encontramos tan decaído que nos hizo llorar. Le dábamos agua con nuestras manos, le acariciábamos, le poníamos en el pico rojo granos de granada. De pronto el gallo se incorporó. Caía la tarde, y por la ventana del cuarto donde estaba entró la luz sangrienta del crepúsculo. Acercóse a la ventana, miró la luz, agitó débilmente las alas y estuvo largo rato en la contemplación del cielo. Luego abrió nerviosamente las alas de oro, enseñoreóse y cantó. Retrocedió unos pasos, inclinó el tornasolado cuello sobre el pecho, tembló, desplomóse, estiró sus débiles patitas escamosas, y mirándonos, mirándonos amoroso, expiró apaciblemente.
Echamos a llorar. Fuimos en busca de mi madre, y ya no lo vimos más. Sombría fue la comida aquella noche. Mi madre no dijo una sola palabra, y bajo la luz amarillenta del lamparín, todos nos mirábamos en silencio. Al día siguiente, en el alba, en la agonía de las sombras nocturnas, no se oyó su canto alegre.
Así pasó por el mundo aquel héroe ignorado, aquel amigo tan querido de nuestra niñez: el Caballero Carmelo, flor y nata de paladines, y último vástago de aquellos gallos de sangre y de raza, cuyo prestigio unánime fue el orgullo, por muchos años, de todo el verde y fecundo valle de Caucato.
Glosario
Ñorbo
Ecuador y Perú Botánica. Flor pequeña, muy fragante, de una planta pasionaria, utilizada como adorno en las ventanas. Nombre científico: (Passiflora punctata.)
Ñorbo (voz africana) m. bot. Flor americana, muy perfumada, de una planta de la familia pasifloráceas (Passiflora punctata).
Ñorbo (Amér.) Voz que se usa para ensalzar la hermosura de los ojos de una mujer, comparándolos con la flor de este nombre.
Hogaza (Del lat. focacia, panecillos cocidos bajo la ceniza del hogar.)
- f. Pieza de pan grande y generalmente de forma circular. Ejemplo: Anda y compra una hogaza de pan.
- Pan de salvado o de harina mal tamizada.
Toñuces: Muralla pequeña llamada también cerca y que generalmente se construye para deslindar terrenos sembrados. Planta o arbusto que se utiliza en ciertas regiones de Ica, Perú, para vallar sembrados.
Ejemplos de uso
Una algaraza estruendosa coreó las últimas palabras del payaso. Agitó éste su cónico gorro, dejando al descubierto su pelada cabeza. Rompió el bombo la marcha y todos se perdieron por el fin de la plazoleta hacia los rieles del ferrocarril para encaminarse al pueblo. Una nube de polvo los seguía y nosotros entramos a casa nuevamente, en tanto que la caravana multicolor y sonora se esfumaba detrás de los toñuces, en el salitroso camino.
Toñuz (Pluchea chingoyo), es una planta oriunda de Sudamérica, se encuentra desde Perú hasta Argentina. Aparece mencionada por lo menos en tres de las obras de este escritor, El Vuelo de los Cóndores, El caballero Carmelo ( mi preferido) y Los ojos de Judas. En Ica, región peruana, es muy común su uso para vallar áreas de cultivo, huertas, etc.
*** Extracto del “Vuelo de Los Cóndores” de Abraham Valdelomar, escritor nacido en Pisco, Perú.
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Chicha de bonito: Expresión en duda. La chicha es una bebida fermentada a partir de frutas o legumbres. Es muy popular en Perú y demás países andinos. El bonito, por su parte, es un tipo de pez que se emplea mucho para preparar en Perú, el ceviche. Chicha de bonito podría ser una sopa, un caldo, o un hervido a partir del bonito. (ebg)
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Quitasueños
- m. coloquial Aquello que produce un sentimiento de gran preocupación e intranquilidad. Adorno en el que unos fragmentos de vidrio sujetos a un aro de hierro producen ruido por el efecto del viento.
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Perú
Cuando los españoles llegaron a Perú les preguntaron a unos indios cómo le llamaban ellos al lugar donde estaban. Ellos respondieron: Viru (de la antigua cultura pre incaica, del río Viru, al norte del Perú). Los españoles entendieron Perú y de ahí quedó el nombre. También se dice que el nombre, los españoles lo tomaron de un cacique llamado Biru que gobernaba una región al sur de Panamá. (Wikipedia)
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Alharaca (Del ár. al-haraka, movimiento.)
- f.Demostración exagerada de un sentimiento. Ejemplo: a pesar de tantas alharacas, no me fío. También Aspaviento.
Alharaquero o alharaquiento: Persona que tiende a exagerar cualquier situación personal o externa.
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Panto de agua: No existe un significado explícito para esta expresión. Podría referirse a un chorro de agua, una pequeña cascada. (ebg).
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Apéndice necesario
El poema Tristitia de Abraham Valdelomar “encaja” fielmente en la corriente postmodernista que adoptó el autor a mitad de carrera literaria. Está escrito en forma de soneto y describe su infancia entre la serenidad y la tristeza.
Mi infancia que fue dulce, serena, triste y sola
se deslizó en la paz de una aldea lejana,
entre el manso rumor con que muere una ola
y el tañer doloroso de una vieja campana
Dábame el mar la nota de su melancolía,
el cielo la serena quietud de su belleza,
los besos de mi madre una dulce alegría
y la muerte del sol una vaga tristeza.
En la mañana azul, al despertar, sentía
el canto de las olas como una melodía
y luego el soplo denso, perfumado del mar,
y lo que él me dijera aún en mi alma persiste;
mi padre era callado y mi madre era triste
y la alegría nadie me la supo enseñar…
Caricuturas






buen trabajo
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